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06/05/17

Capitán Kóblic: los márgenes de la dictadura argentina. (Spain)

El Imparcial

La práctica que la dictadura argentina estandarizó para deshacerse de sus presos en los llamados 'vuelos de la muerte' sirve de punto de partida a Sebastián Borensztein para construir un thriller con tintes de cine negro y western, serio e incómodo, en el que Darín hace virguerías. Atmósfera asfixiante y tensa en una película que vendría a ser La Isla Mínima argentina.
Un pequeño pueblo de la Pampa argentina, alejado de todo y de todos, sirve de escenario al cineasta Sebastián Borensztein para contar la dictadura argentina desde los márgenes, desde el borde de la onda expansiva de la brutalidad, donde los dolores hacen menos ruido.

Radicalmente opuesta en tono y forma a su anterior trabajo (Un cuento chino, 2011), Borensztein retuerce el modo en que el cine argentino se ha enfrentado, por lo general, a las vergüenzas de su pasado. Centra la trama en el capitán Tomás Kóblic, comandante de la Armada Argentina y colaborador de una de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano en toda su historia: los llamados ‘vuelos de la muerte’, responsables de que las listas de desaparecidos en Argentina se engordaran rápida y fácilmente con la ayuda de un avión y el mar. Así que el director nos propone empatizar con un arrepentido de la dictadura, que escapa al primer lugar recóndito del que puede echar mano para esconderse física y psicológicamente de sus fantasmas. Arriesgada tarea que Borensztein cumple con solvencia a base de mano rigurosa, que cuenta la psicología de los personajes en la primera capa y sólo insinúa lo que hay debajo de la alfombra. Y gracias también a que, de nuevo, vuelve a contar con Ricardo Darín para hacer cine con mayúsculas. Porque el actor argentino demuestra una vez más que es un animal interpretativo, cargado en esta ocasión de turbación, oscuridad y recovecos.

Darín está, además, muy bien arropado. La española Inma Cuesta (La Novia) es una de las habitantes del pueblo al que Kóblic huye. Con un acento del interior de la Pampa clavado –dicho por los propios argentinos-, el personaje de Cuesta ve en el forastero un cambio, una oportunidad de huir de la soledad y el miedo que le ocasiona, ya no la dictadura, el despotismo de las fuerzas del orden o la falta de libertad, sino su entorno más directo. Y luego está Oscar Martínez (Relatos Salvajes), el jefe de policía del pueblo, corrupto, cacique, repulsivo.

A pesar del tema de fondo, Kóblic no es un relato social, sino un thriller oscuro, de seriedad aplastante, que adopta características del noir e incluso del western. Atmósfera polvorienta, asfixiante como la vida de los lugareños en la que irrumpe el protagonista, tensa e incómoda. Borensztein sabe hacer que el espectador note el sabor de la tierra seca en la boca sin necesidad de escenas que reproduzcan explícitamente el salvajismo de la dictadura argentina. Están ahí, pero no las vemos.

Una cinta que habla de la soledad, el arrepentimiento, la podredumbre del poder y el instinto de supervivencia, ambientada en un contexto sociopolítico extremo que pone al espectador en situaciones morales ambiguas y contada como un thriller abrumador. Aunque puede que sin llegar a ser la obra maestra que parió Alberto Rodríguez en 2014, Capitán Kóblic es La isla mínima argentina.


Source:
http://www.elimparcial.es/noticia/166188/capitan-koblic-los-margenes-de-la-dictadura-argentina.html