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06/05/17

'Capitán Kóblic' intenta huir de los 'vuelos de la muerte'. (Spain)

El Confidencial

Está en el ambiente. Es como de una densidad espesa, casi viscosa. El polvo de los caminos de tierra levita en una calima que empaña la vista y el oído. Nadie ve, nadie oye. Salvo las paredes; ellas sí. También el tiempo está como en suspensión. Como un día de la marmota en que cada habitante interpreta mañana tras mañana el rol que le ha sido impuesto sin levantar la cabeza y con las orejas gachas. Tú, el cacique. Tú, el estanquero. Tú, la gasolinera. Y ¡chitón!, no te salgas del papel, que no nos gusta. Soy la autoridad, balazo en la cabeza y aquí nadie pregunta.

A esta Colonia Elena congelada en el año 77 llega Tomás Kóblic. El nuevo piloto del avión fumigador. Un tipo silencioso y gris, nomás. Un forajido que huye de su pasado y del pasado de toda una nación. Pero Kóblic -y menos si lo interpreta Ricardo Darín- no puede pasar desapercibido. Un artista de la voz, del trabajo corporal, de la mirada lánguida y profunda, seductor sin querer queriendo. Y como el reverso oscuro del espejo, un 'sheriff' de peluquín grasiento y dientes renegridos cuya máxima conquista es cada noche la de las lumias del burdel. Un Óscar Martínez irreconocible -físicamente- e inconmensurable -en una interpretación bordada-. Lo sutil frente a la desmesura, la contención frente a lo sanguíneo, dos opuestos que encajan perfectamente en los engranajes de este turbador 'thriller' con esencia de wéstern.

En 'Capitán Kóblic', el director argentino Sebastián Borensztein -'Un cuento chino' (2011)- se sumerge en la Argentina del Proceso de Reorganización Nacional a través de la historia de Tomás Kóblic, un piloto milico -militar- al borde de la jubilación, veterano en vuelos inocuos y vida sosegada. Un último encargo y todo se viene abajo como en una partida de jenga.

Alguien tuvo que pilotar aquellos 'vuelos de la muerte' desde los que miles de disidentes de la dictadura, drogados y torturados, fueron lanzados al océano. Una pieza, aunque insignificante en apariencia, necesaria para el correcto funcionamiento del mecanismo.
Cargando el tambor, bala a bala

La cámara de Borensztein captura la aridez de una Argentina profunda plana, extensa y vacía. Un paisaje que tiene tanto de bello como de hostil y que Borensztein consigue capturar con la inmensidad de sus planos. Colonia Elena, en su pequeñez, contiene el drama de todo un país. De toda la humanidad, apurando. Todos guardan algún cadáver bajo la cama. Un pueblo habitado de fantasmas que pasan por la vida casi levitando y que, de repente, despiertan en un estallido de violencia tan seco como el propio entorno. La película avanza, cargando el tambor, bala a bala, con la tranquilidad del duelista, preparada para el tiroteo final.

Como en un wéstern, hay un 'sheriff', un fugitivo y no falta una mujer a la que rescatar. Como un pequeño brote en medio de un secarral, sobrevive Nancy -Inma Cuesta-, aletargada por una existencia de sumisión y humillantes secretos familiares. Una Cuesta contenida, que intenta permanecer en silencio pero que no puede evitar que sus ojos hablen. Y que despliega toda su fuerza natural a lomos del caballo, cruzando los campos a galope, con el pelo al viento bajo una lluvia que toca a muerto.

En 'Capitán Kóblic', Borensztein captura una romántica y melancólica conversación casi sin palabras de un amor tan imposible como la huida del pasado del propio Kóblic. Y a unos actores en estado de gracia -todos están perfectos, hasta el último figurante- en una efectiva y emocionante vuelta de tuerca al cine 'noir' que mete el dedo en la herida del periodo más abyecto de la historia de Argentina.


Source:
http://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2016-06-17/ricardo-darin-estreno-capitan-koblic-vuelos-de-la-muerte-dictadura_1217891/